Hembrismo. Feminazismo. ¿Mito o realidad?

PATERNA, 09/12/2014.- Varias mujeres emocionadas durante la concentración de cinco minutos de silencio convocada por el Ayuntamiento de Paterna (Valencia), tras la muerte ayer en esta ciudad de una mujer de 37 años por los disparos de escopeta efectuados por su marido, del que estaba en trámites de separación y que posteriormente se suicidó. EFE/Manuel Bruque.PATERNA, 09/12/2014.- Varias mujeres emocionadas durante la concentración de cinco minutos de silencio convocada por el Ayuntamiento de Paterna (Valencia), tras la muerte ayer en esta ciudad de una mujer de 37 años por los disparos de escopeta efectuados por su marido, del que estaba en trámites de separación y que posteriormente se suicidó. EFE/Manuel Bruque.

Siempre está ese tipo al que le parece muy bien el feminismo pero el feminazismo le “preocupa seriamente”. O esx bienintencionadx que, rebatiendo a quien cree que el feminismo quiere invertir el orden de dominación, responde: “no, te estás equivocando: eso se llama hembrismo, que sería lo contrario al machismo.”

Vamos a ver, que no existe el hembrismo. Ni el feminazismo. Ni nada de eso. No existe. Es más: no puede existir. “Pues yo conozco a una tía que dice…” Que sí, que conocerás a quien quieras. Yo puedo conocer a un tipo que crea que la luna está hecha de queso y eso no significa que exista el lunaquesismo.

No, aunque te parezca mentira, el lunaquesismo no existe. Esta noche puedes dormir tranquilo.

Para que, en el contexto de los movimientos sociales e ideologías, podamos hablar de –ismo, tenemos que poder referirnos a gente organizada en un movimiento con una actividad real, no a personas particulares con ideas particulares. Esa es la gracia de los –ismos: etiquetas que no refieren a individuos sino a grupos relativamente homogéneos. No podemos hablar de bosque sólo porque me haya cruzado con unos cuantos árboles. Sí, yo también me he encontrado con alguna mujer así, pero no sólo han sido pocas (tres, de hecho), sino que el resto de mujeres feministas presentes se mostraron contrarias y molestas a su pensamiento. Así que no, no hay bosque, no hay –ismo.

Y no puede haberlo. ¿Por qué existe el machismo? Mejor dicho, ¿qué es el machismo? Un sistema de violencia, desigualdad y dominación que es posible gracias a que existe una cosa llamada género. (Todxs lxs que sabéis de sobra lo que es, me perdonaréis que lo explique rápidamente.) El género es un conjunto de ideas y valores culturales sobre los hombres y las mujeres: se piensa que ellos son más decididos, serios, líderes, estables, agresivos, activos, racionales… es decir, que sonmasculinos. Ellas, sensibles, cariñosas, débiles, vulnerables, emocionales e inestables y, por tanto, indecisas y menos racionales… Vamos, que son femeninas. Biológicamente. Cosas de la naturaleza, oye, que nos quiere así. Y así se justifica biológicamente un reparto desigual de las funciones sociales. Ellos a mandar, en la política y en el ámbito profesional y ellas a obedecer, metiditas en casa. Si el papel de los hombres es el de dominar (cabeza de familia) y ella no se deja, pues vaya, habrá que darle un azote. Como al niño que se porta mal o al perro que se mea en la alfombra. Huy, se me fue el azote y la acabé matando. Bah, no te preocupes, es que era una zorra.

No, el machismo no existe porque haya algunos tipos que son machistas. Existe porque la cultura (que no conoce fronteras, clases sociales, espectros políticos ni generaciones) cuenta ese cuento sobre qué es ser hombre o mujer, un cuento que justifica, normaliza y promueve la dominación, la desigualdad, la violación y el maltrato. Y la cultura no son simplemente ideas que la gente tiene, no. Lo es todo, desde las películas que vemos hasta los refranes y la ropa, pasando por la manera que tenemos de sentarnos, saludar y hablar, o la arquitectura de las casas (sí, también eso puede ser machista, aunque te parezca insólito; coge un plano de una casa romana y mira a ver qué es eso del gineceo). La cultura lo es todo. Es nuestra vida, nuestra atmósfera. Nuestro mundo.

Y mire usté, que resulta que no existe una cultura que diga lo contrario ni posibilite lo contrario. Sin ella, el “hembrismo” esestructuralmente imposible, aunque conozcas a una tía que no sé qué.

Ay chico, pues si no existe, ¿por qué se habla tanto de él?

Si decimos la palabra “animales”, rápidamente pensaremos en tigres, perros o caballos y, sin embargo, los mamíferos suponen un porcentaje ridículo de la vida animal, formada casi toda (cerca del 90%) por insectos. Tan pequeñitos ellos, no llaman la atención. Ni rugen ni nada. Y sin embargo, lo son casi todo. Cuando decimos “machismo” pensamos en mujeres con ojos morados, asesinadas y violadas. Estas tragedias, como los mamíferos, son las partes del machismo que llaman la atención, las grandes y ruidosas, pero forman sólo la punta visible del iceberg. El resto no lo percibimos; convivimos con ello creyendo que no es machismo sino la vida en su normalidad. Y, ¿sabes qué? Que esto último es cierto. Pero es que la vida, en toda su normalidad, es machista. Lo normal es machista.

Porque lo normal es lo que obedece a la norma.

La norma es que nosotros tenemos derechos y libertades que ellas no pueden tener. La norma es que ellas deben ser tratadas como inferiores. Eso es la norma y eso es lo normal, lo “natural”. Entonces, claro, vienen esas locas paranoicas a decirnos que todo lo que hacemos es machista. Serán exageradas… mira, perdona que te diga, pero yo no soy machista, que en mi vida le he levantado la mano a una mujer. Yo soy un tipo normal. Así que relájate.

Pues si eres normal, siento decirte que entonces eres machista. Como todo el mundo.

Lo único que ocurre es que no te das cuenta, ni lo haces con mala intención. Simplemente actúas como nos han enseñado. Ser machista no significa querer discriminar a las mujeres. Significa, simplemente, discriminarlas; da igual lo que queramos o creamos hacer.

Así que normal que las feministas en seguida nos parezcan unas paranoicas feminazis que no quieren dejarnos vivir. Normal que nos parezca una exageración que nos digan que todo lo que hacemos está mal y que vean machismo hasta en la sopa, cuando nosotros no vemos que haya ningún problema por ningún lado. Pero que no lo veamos no significa que no exista. Precisamente: existe porque no lo vemos. Si lo viéramos no tendríamos la vergüenza de seguir actuando así.

Aunque bueno, en el fondo algo sabemos, no somos tan tontitos. No nos daremos cuenta de muchas cosas, pero sabemos lo que lleva ocurriendo desde hace siglos. Las feministas nos preocupan y nos parecen feminazis no sólo porque nos parezca una exageración que señalen como machistas cosas que nos parecen tan normales. También porque quizá tenemos miedo de que nos quieran hacer lo mismo que los hombres les hemos estado haciendo.

Dicen en mi pueblo que cree el ladrón que todos son de su condición. Los hombres hemos sido educados para interpretar y construir las relaciones sociales en torno a la jerarquía, la autoridad, el dominio y la competición. Vivimos desde la mente del dominador y, cuando desde ahí, ves que las esclavas empiezan a liberarse, ¿qué vas a pensar? Pues piensas que, en cuanto puedan, van a intentar dominarte a ti y tomarse la revancha. Como dominador, piensas que todo el mundo actuaría como tú. Pero a lo mejor tienen cosas más útiles que hacer.

Como vivir su vida, por ejemplo. Como vivir de una vez la vida que no les dejan vivir.

Si queremos seguir colonizando Irak para robarles su petróleo y que nadie diga nada, decimos “¡armas de destrucción masiva!” La gente se lo cree y todxs tan contentxs. Podríamos hablar de 1933, de 1492, de la quema de brujas… Toda la vida, cuando se ha querido justificar la opresión y agresión contra un grupo de personas, éstas han sido pintadas como las agresivas y opresoras, como una amenaza inminente del buen orden social. Como El Coco, vaya.

El “hembrismo” es sólo El Coco, El Hombre del Saco. Un nuevo Tío Camuñas que sirve para asustarnos y hacernos creer ver, en el legítimo intento de las mujeres por ser libres e iguales, conspiraciones judeomasónicas para cortarnos el pene.

Vaya, quizá los paranoicos estemos siendo nosotros.

Raúl Rojas Andrés

Licenciado en Filosofía y Máster en Análisis Sociocultural por la UCM. Miembro del Área de Mujer e Igualdad de Podemos y miembro del Consejo Ciudadano de Salamanca.

Twitter: twitter.com/raulrojas989

FUENTE: PUBLICOSCOPIA
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Acerca de Asamblea Popular 15M Villa de Vallecas

Asamblea Popular de Villa de Vallecas perteneciente al Movimiento 15M
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