Cuando Papá Noel y lo Reyes Magos vienen de China: la verdadera Toy Story

Vaya por delante que con este artículo no trato de chafarle la guitarra a nadie, que no tengo en contra de celebrar la Navidad de la mano del bonachón de Papa Noel. Por otra parte si hay unos monarcas en los que creí como niño y sigo creyendo como padre son sus majestades los Reyes Magos. La celebración de su  llegada desde el lejano Oriente para repartir regalos a los niños me parece el momento más mágico y culminante de las Navidades: ojalá todos los reyes fueran como estos!

Es justamente por todo eso que me preocupa que la compra ilusionada de juguetes que hacemos ceremonialmente los durante estas fechas o el resto del año tenga una trastienda tan inquietante y me molesta enterarme de como tratar de hacer felices a nuestros hijos puede estar contribuyendo -lo sepamos o no –  a modelar un mundo que no queremos ni para ellos ni para nadie.

Dicho crudamente: me fastidia que sin desearlo estemos siendo cómplices de promover un mundo donde los derechos individuales y sociales de millones de seres humanos son pisoteados a diario en nombre del sacro-santo beneficio del mercado.

China fabrica más juguetes que cualquier otro país en el mundo. De hecho alrededor del 75 % de los juguetes proceden de la nación de los casi 1,4 billones de habitantes. El éxito de las manufacturas chinas en el mundo es básicamente atribuible a sus bajos precios de mano de obra. A pesar del rápido crecimiento económico en la pasada década más de 482 millones de chinos, el 36% de la población, vive con menos de 2 dólares por día.

Según se hace eco el blog The bussines Insider sobre la base de informes de la ONG por los derechos humanos Sacom y de la web altermundista Want on Want los trabajadores chinos de las factorías sufren maratonianas jornadas laborales de seis o siete días a la semana bajo duras condiciones de trabajo con salarios de miseria, viviendo en condiciones de hacinamiento y sin apenas derechos como baja laboral remunerada, maternidad o de asociación y asistencia sindical.

El fotógrafo alemán Michael Wolf  acaba de realizar la fenomenal serie de fotos llamadas  “The Real Toy Story – traducido, algo así como “la verdadera Toy’s Story”- que ilustran este artículo y que muestran la vida cotidiana en las factorías y a las personas que hacen todos esos juguetes que con tanto despliegue de luces y publicidad rebosan después listos para ser consumidos en las estanterías de los supermercados de medio planeta. Agradecemos a Michael Wolf que haya dado su permiso para compartirlas aquí con vosotros.

Por suerte  hoy en día a través de la red podemos conocer realidades que la mayor parte de las veces los grandes medios no acostumbran a mostrarnos. Algo tendrá que ver que muchos de sus anunciantes por estas fechas sean precisamente las grandes empresas que como Mattel (muñecas Barbie y Monster High y Fisher Price entre decenas más de marcas) o Disney, ( Mikie Mouse y compañía) por sólo citar a algunas. Son esas mismas corporaciones transnacionales que son las mayores beneficiarios de un sistema que vampiriza nuestras legítimas ilusiones navideñas y promueve estas lacerante y cruda realidad, la verdadera Toy’s Story. Todos participamos de alguna manera en esta película en que la búsqueda del juguete aún más barato que la crisis promueve. Juguetes que duran cuatro días, que a menudo ni siquiera realmente necesitan nuestros hijos y que nos están saliendo a todos muy caros.

A nuestros hijos les debemos el mismo respeto que les pedimos. Creo que tienen el derecho a saber. Bueno sería que según su maduración y edad, con ternura y sin necesidad de tremendismos les vayamos explicando en que mundo viven, que implicaciones tienen nuestros actos y los suyos sobre él, cómo entre todos podemos hacerlo mejor. Tener hijos nos da la posibilidad de ver el mundo con nuevos ojos, ser más dignos y aprender a vivir como requisito indispensable para poder ayudarlos a ellos en su propia búsqueda de sus respuestas. Tal vez el verdadero sentido de la Navidad sea mostrarnos a todos que otro mundo es es posible durante todo el año y no sólo por unos días.

Los niños no son tontos, en realidad no necesitan toda esa profusión de objetos que la televisión se encarga de vendernos a través de ellos y cuyos embalajes acaban amontonados por las calles. Podemos elegir con la cabeza aquellos juguetes que nos salen del corazón, existen alternativas de compra donde los juguetes son algo más que puro entretenimiento. Los niños de ahora, como los de siempre, sólo quieren jugar y jugar y pasarlo en grande. Pocas cosas hay más sagradas que el juego durante la crianza y toda la vida. Nada de eso tiene que ver ni tiene porqué implicar injusticia o la explotación de nadie. Que no nos vengan con cuentos, el verdadero regalo de los Reyes Magos es la sonrisa de nuestros hijos y eso no tiene precio.

Que tampoco nos vendan la moto. Vivir la ilusión de estos días no tiene porqué significar que entremos nosotros y hagamos entrar a nuestros hijos en un juego tramposo donde pierden las personas y el planeta entero. Como en todo los referido al consumo, debemos no despreciar la posibilidad de inventar, intercambiar o reciclar nosotros mismos los juguetes, moderar la compra a lo necesario y priorizar siempre a la hora de consumir el valor de lo que se ha producido cerca para fortalecer las economías locales y los pequeños productores minimizando el trasporte contaminante e innecesario de mercancías.

Es cierto que hoy es casi imposible no consumir a precios sospechosamente baratos productos procedentes de países a menudo lejanos. Son países que sistematizan prácticas que no respetan los derechos de las personas o el medio ambiente para gran beneficio de sus élites y el de grandes empresas que tienen su sede – no lo  olvidemos – en los países ricos. Corporaciones mastodóndicas sin alma, cuyos dinero no tiene patria, auténticos secuestradores de los Reyes Magos que gastan ingentes cantidades en publicidad para que nuestros sueños y los de nuestros hijos tomen la forma de sus productos y que nos seguirán vendiendo todas las motos que puedan hasta que nosotros y las personas a las que explotan para fabricarlas les seamos rentables. Esos magnates chupasueños y toda su infinita avaricia merecen que sencillamente les regalemos entre todos un enorme cargamento de carbón o,como decía el poeta, que nos echemos a cabalgar hasta enterrarlos en la mar.

FUENTE: FAMILIASENRUTA.COM

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Acerca de Asamblea Popular 15M Villa de Vallecas

Asamblea Popular de Villa de Vallecas perteneciente al Movimiento 15M
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